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viernes, 10 de mayo de 2013

El Investigador Comunitario: ¿Científico neutral o gestor de la transformación social?



UNIVERSIDAD NACIONAL "RÓMULO GALLEGOS"
DOCTORADO EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
Publicado por: Prof. Rubén Cermeño
Sección 02

El Investigador Comunitario:
¿Científico neutral o gestor de la transformación social?

            Hoy en día el investigador debe definir su rol dentro de la comunidad de tal manera de ubicar su afinidad profesional y su condición humana que le permita identificarse con las inquietudes y expectativas de los miembros de la comunidad dentro de la cual lleva a cabo su investigación.
            La investigación comunitaria es un modelo concebido para la comunidad y desde la comunidad, por lo que se le asocia mucho con la investigación-acción que aplica sus esfuerzos a partir de las necesidades concretas de los habitantes.
            Los perfiles más comunes del investigador comunitario de nuestros tiempos y ajustados a las nuevas realidades, se sintetizan en lo siguiente: a) El Investigador se hace activista, b) El Investigador como Especialista, c) El Investigador se convierte en pueblo, d) El concientizador de la comunidad.
            El Investigador se hace activista ya que las labores que ejecutan los habitantes de nuestras comunidades frecuentemente se destacan por su continuo dinamismo y deja escaso espacio para analizar los procesos grupales que se producen en ellas, es por ello que los estudios sobre la comunidad son estructurados con un carácter participativo que consideran primordialmente las necesidades latentes en la realidad social que se revisa, pero al momento de su praxis pueden conseguirse algunos inconvenientes como: 1) el apremio de la practica hace que el investigador se encuentre en una condición de labor absorbente y consecutiva, donde la resolución de un problema conlleva al inicio de otro problema por resolver, por lo que se ve obligado a poner toda su atención y recursos a la vivencia comunitaria  descuidando su producción científica. 2) El academicismo de nuestros centros de enseñanzas ocasiona que las ciencias sociales no articulen adecuadamente la teoría con la práctica, por lo que la producción teórica de los investigadores comunitarios resulta una abstracción completamente separada de la experiencia cotidiana.
            El Investigador como especialista se asume como el estudio de una comunidad llevado a cabo por un profesional o equipo de profesionales capacitados en acciones organizativas, políticas, grupales asociadas a vivencias comunitarias. La investigación debe ser objetiva e imparcial capaz de identificar las restricciones del ámbito que estudia, asimismo, el observador determina si será un espectador a distancia o si se involucrará directamente en la condición social que analiza. La crítica que se hace el respecto es su supuesto fundamento de un conocimiento objetivo y universal acerca de procesos tan parciales, subjetivos y cambiantes como los que acontecen en experiencias humanas.
            El Investigador se convierte en pueblo, en este caso el activismo no es el producto de dificultades metodológicas sino que aparece claramente como expresado como elección de una postura ideológica. Para ello se exige al investigador que se limpie de su pecado original de ser un profesional de la clase media, aprendiendo a caminar, vestir o hablar en el comportamiento cotidiano de la población que estudia. Al investigador que quiere erigirse como el portavoz del pueblo debe requerírsele su contribución educativa para que sea la comunidad la que se manifieste por sí sola. Dificultar la posibilidad de esta experiencia es ser coparticipe de la ignorancia e influencia que mantiene el control de la organización social en pocas manos.
            El Concientizador de la comunidad: En Venezuela y otros países de América Latina se ha utilizado inadecuadamente el lema de la concientización para imponer una práctica de invasión cultural las comunidades, particularmente las de menores recursos, en estos casos la concientizacion  pasa a ser una terapéutica eminentemente conductista que busca canalizar el descontento social en instancias de participación creadas y controladas desde los centros del poder institucional, se aspira,  por esta vía, al cambio planificado de la sociedad dirigido en forma vertical desde arriba, en este modelo, la práctica de la investigación comunitaria es una farsa, pues lo que se hace es coleccionar una serie de datos para sustentar un conjunto de creencias asumidas acerca de lo que pasa en la comunidad y llamarlo equívocamente diagnostico de la realidad. Dichosamente, en la actualidad se plantean modelos cuyo criterio básico es el de la educación como experiencia de autogestión, En este tipo de modelo, la investigación se hace en encuentros en los que no hay expertos ni otra forma de jerarquías. Se trata de un espacio para la reflexión, el diagnostico de vivencias y el intercambio de opiniones y recursos.
            La responsabilidad social del investigador comunitario supone no solo ser sensible a sus expresiones, se trata, ante todo, de un proceso interactivo que relaciona al individuo o grupo que investiga con la población a que aspira conocer. Entre las reflexiones que debe asumir un investigador comunitario, podemos destacar lo siguiente: a) Como investigadores se debe renunciar a posiciones arrogantes y prepotentes de valorar como conocimiento comunitario solo lo que resulta de nuestros métodos de trabajo, sino que la gente se conoce a sí misma y sabe cómo resolver sus problemas cotidianos. b) Una tarea imprescindible es el diseño de estrategias de investigación que favorezcan los máximos niveles de participación en todos los pasos del proceso científico. c) Se debe comprender que las comunidades no son homogéneas sino plurales, por lo que se puede encontrar deferencias de grado y de posiciones entre la diversidad de individuos y grupos que activan el proceso vecinal d) Al investigador le corresponde proponer una experiencia educativa que propicie la socio gestión  del conocimiento y de la acción comunitaria.
            Para alcanzar las anteriores metas, el investigador no puede ser el típico observador indiferente que analiza la experiencia comunitaria con distanciamiento, ello es inadecuado. Al investigador le toca ser un analista del proceso comunitario en que participa, ser un pedagogo de la metodología al servicio de las necesidades comunitarias. A partir de estas consideraciones, el investigador participa en un proceso de aprendizaje en el que trata el punto de vista común del hombre, acerca de su realidad cotidiana, a su vez que se capacita acerca de sus supuestos, objetivos y métodos de investigación.