INTEPRETACIONES HISTORICAS ACERCA DEL CONOCIMIENTO CIENTIFICO ANTES Y DURANTE EL SIGLO XX
POR: PEDRO ARCIA
Todos sabemos que a través de los siglos, el conocimiento científico, aquel medible, validable, comprobable y mecanicista, ha dominado de manera no especulante, la forma de hacer ciencia, colocando a los pensadores racionalistas en una caja de cristal donde solo pueden entrar aquellos que también fundamenten sus ideas en el método científico. En adición a ello, este enfoque institucionalizado o sistemático-socializado es el que más respeto, arraigo y permanencia ha tenido en el terreno educativo, defendido sobre la base de generar cambios en las sociedades, lo cual, al final de todo, no tiene otro carácter más que el ser instrumental o utilitario.
Asimismo e históricamente también se sabe que el ser humano ha venido evolucionando en todas sus dimensiones: física, psicológica, social y también espiritual, y que tales dimensiones han demarcado su propio accionar para incorporarse a la inmensa búsqueda de los saberes, cada uno en su relación muy particular traducida en su propia relación objeto-sujeto para comprender los fenómenos.
De allí que es oportuno, y esto lo hago desde mi experiencia personal, disertar sobre la forma en que se interpretado el conocimiento científico a través de la historia. A tal efecto, podemos ubicarnos en dos períodos que son: antes dl siglo XX y durante el siglo XX; pero antes, consideramos plasmar la reflexión de cómo es hoy el debate ético respecto al conocimiento científico y para ello, es preciso que comprendamos que también a lo largo de la historia de los siglos, el pensamiento educativo ha estado sujeto a constantes crisis epistemológicas, traducidas en una incansable lucha de los eruditos y pensadores sobre ¿Cual es la base correcta para generar saberes? Es así como las diferentes posturas y abordajes epistémicos han defendido a capa y espada su postura, ya sea objetiva o subjetiva, las cuáles nunca han permitido un acuerdo o convergencia respetuosa dentro de lo que es el debate ético del la investigación entre las ciencias duras y las humanísticas.
Dentro de este contexto, solo se está hablando de la eterna disonancia entre las corrientes positivistas y las post-positivistas. Visto así, actualmente el campo disciplinar del conocimiento científico se ha constituido a partir de la intersección de un conjunto de diversas disciplinas: la filosofía, la psicología, la sociología, la historia, entre otras; que abordan, desde su especificidad, el objeto conocido.
Antes del siglo XX el conocimiento científico se concibió, en líneas generales, como respuesta a dudas absolutamente universales, que interesaban a todos, que trascendían cualquier necesidad individual o grupal y que se derivaba de reglas previamente bien definidas de construcción y demostración. Unas veces, tales reglas se basaban casi exclusivamente en sistemas precisos e inequívocos de razonamiento y argumentación como los establecidos por Sócrates, Platón, entre otros, mientras que otras veces, las reglas del juego se apoyaban en la conjugación de sistemas de razonamiento con sistemas de registro sensorial tal como la observación sistemática y la atención a hechos constatables (Aristóteles)
Como denominador común de estas interpretaciones, hay una base eminentemente racional en la interpretación de la ciencia. Es decir, el conocimiento sistemático busca su garantía en los mecanismos de la razón humana y no en los sentimientos ni en la percepción sensorial ni en las posibilidades adivinatorias, fantaseadoras o sobrenaturales de la mente humana: o sea, siempre la razón por encima del corazón y de los sentidos biológicos.
En adición a ello, y con el pasar de los años, el conocimiento científico se reinterpreta como aproximación al mundo físico observable, en evidente omisión del mundo constituido por los hechos de la mente humana y de las tendencias o actos de los hombres. Se hace hincapié en el enfoque de la experimentación, propuesto por Arquímedes, y en la fase de las comprobaciones empíricas, observables, directamente asociadas a la experiencia medible.
Recapitulando tenemos que antes del siglo XX, dominaron dos grandes interpretaciones del conocimiento científico: (a) una, que sitúa la validez del conocimiento en los mecanismos de la razón denominada interpretación racionalista del conocimiento científico: (b) otra, que sitúa esa validez en los datos de los sentidos y de la experiencia denominada interpretación empirista, que privilegia el método inductivo.
Ahora bien, durante el siglo XX la ciencia se convirtió en un importante factor social a la que acuden las nuevas naciones en busca de un progreso económico rápido. A ella acuden también las viejas naciones cuando necesitan un nuevo impulso para superar sus crisis, políticas o financieras. Sin embargo, no es el conocimiento en sí lo que posibilita la solución de estos problemas, sino la actividad que puede resultar como consecuencia del descubrimiento de los nuevos recursos que el citado conocimiento propone.
En el siglo XX resulta, por tanto, mucho más difícil que en el siglo XIX separar el conocimiento científico de la acción que de él se desprende. En este intervalo de tiempo las interpretaciones dominantes del siglo anterior se llevan a extremos de elaboración, de detalle y de profundización, casi siempre bajo una referencia sumamente importante de la que no disponían los pensadores de antes y que ahora se mostraba en toda su magnitud: las conquistas tecnológicas derivadas de determinados logros del conocimiento científico, especialmente en Física.
De hecho, se infiere que las interpretaciones de la investigación científica durante el siglo XX se han visto obligadas a confrontarse, en un eje histórico y socioeconómico, con los fundamentos teórico-metodológicos de los hallazgos más productivos y rentables en el plano del control de la naturaleza y de las sociedades, pautado en que las necesidades del hombre ha estados supeditadas al confort, la sobrevivencia y el dominio social.
Visto de esta manera, es oportuno argumentar las interpretaciones del conocimiento científico y de sus respectivos procesos de producción estuvieron agrupadas, durante el siglo XX, en torno a tres modelos socio-históricos que son: (a) Empirismo Lógico, (b) Socio-historicismo Humanista (o "interpretativo") y Racionalismo Crítico.
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